AMNISTIA INTERNACIONAL

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domingo, 22 de mayo de 2011

Delincuentes de Cuello Blanco


 El Delincuentes de Cuello Blanco es aquel  que viste siempre apropiado, tiene buena presencia y que sus delitos son difícilmente investigados o encontrados. Con este tipo de delincuentes no se garantiza la efectividad de la ley, por la influencia que este tipo de delincuente tiene.

Podemos hacernos las preguntas:
¿Por qué cuando relacionamos los delitos económicos con los "poderosos" no se garantiza la automática efectividad de la ley?
¿Por qué la prensa recoge la información sobre delitos económicos en las secciones de economía o política y no en la crónica judicial o lo aleja del concepto de "criminalidad peligrosa"?
¿Por qué "delincuente" no puede ser un empresario brillante?
¿Por qué el tema se considera benevolente y son mejor tratados los ricos de "cuello blanco" (tanto en el enjuiciamiento como en la persecución o la excepcionalidad)?
¿Por qué la ley se muestra fuerte con el débil y débil con el fuerte?
¿Por qué tanto el número de procesos y de sentencias condenatorias como la sanción o la pena son mínimas?
¿Por qué, aunque lentamente se incremente la sensibilización de la opinión pública, todavía hay una débil conciencia de su gravedad real?
¿Dónde queda la igualdad que defiende esta "democracia",... ?
¿Qué ocurre con los escándalos financieros, las insolvencias fraudulentas o las quiebras punibles?
¿No son ellos mismos los que son engullidos por su propia criatura, por su propia ambición?

Creo sinceramente que estos delitos van más allá de una simple "irregularidad". Es posible que no haya un ataque al disfrute de la propiedad, que no haya violencia directa, es posible que no sean fácilmente perceptibles tanto el hecho como el daño, pero el perjuicio económico derivado es demasiado alto, así como la desconfianza de un pueblo, la pérdida de credibilidad en los dirigentes o la amenaza a la estabilidad del sistema económico del país.

Corrupción, malversaciones de dinero público, ganancia ilícita, impago fraudulento... son conceptos definidos y defendidos interesadamente.  Los juicios de los Delincuentes de Cuello Blanco, terminan siempre dejando libre al delincuente de cuello blanco pues por su influencia, la ley no se aplica como se debiera de aplicar, ya que por su dinero, puede quedar libre de cualquier delito que se le inculpe.

La frontera entre lo lícito y lo ilícito se nubla y su visibilidad disminuye, máxime cuando la investigación es difícil de llevar a cabo debido a la escasez de denuncias, al apoyo o corporativismo de otros colegas profesionales, a la posibilidad de costearse defensores de prestigio, a una policía no preparada, a la dificultad para recoger pruebas, a la posibilidad de atajar estos problemas mediante acuerdos amistosos, a la lentitud burocrática de la justicia (es bastante improbable que los delitos "menores" prescriban)... y todo para que el delincuente de cuello blanco pase por la cárcel un par de horas y luego salga libre de toda culpa.

Podemos ver como entre nosotros tenemos muchos delincuentes de Cuello Blanco, personas que por su apariencia física y su forma de comportarse engañan a cualquier persona y así se ponen más cerca de su blanco, que es el robo de dinero.

Los Delincuentes de Cuello Blanco, pueden ser banqueros, comerciantes, y cualquier persona de fama y dinero.

También los funcionarios pueden ser delincuentes de cuello blanco, cuando malversan los fondos de la institución donde se encuentran.

INDECENTE + INDECENTE

INDECENTE, ES QUE EL CONGRESO CONVOQUE UNA LICITACIÓN POR VALOR DE $40.000.000.000 PARA ALQUILER DE 476 VEHÍCULOS DURANTE EL 2.011, QUE SE ADJUDICARÁ EN ENERO, DE LOS CUALES SE LE ENTREGARÁN DOS PARA EL SERVICIO A CADA CONGRESISTA. EL COSTO MENSUAL POR VEHÍCULO ES DE$7'000.000, CUANDO LOS COLOMBIANOS EN ESTA TRAGEDIA DEL INVIERNO SE MANDARON LA MANO AL BOLSILLO, LOS "HONORABLES" CONGRESISTAS NO PUEDEN PRESCINDIR DE ESTE SERVICIO.  
INDECENTE,  es que el salario mínimo de un trabajador sea de $532.500/mes, para el 2011, y el de un Congresista de$33'996.000, pudiendo llegar, con dietas y otras prebendas, a  $38'500.000 /mes.
INDECENTE, es que un profesor, un maestro, un catedrático de universidad o un cirujano de Salud Pública, ganen menos que el concejal de un municipio de tercera.

INDECENTE, es que los políticos se suban sus retribuciones en el porcentaje que les apetezca (siempre por unanimidad, por supuesto y, al inicio de la legislatura).
INDECENTE, es que un ciudadano tenga que cotizar hasta 35 años y tener 62 años para percibir una Pensión y a los diputados les baste sólo con siete años, y que los miembros del gobierno, para cobrar la pensión máxima, sólo necesiten jurar el cargo.
INDECENTE, es que los Congresistas sean los únicos trabajadores (¿?) de este país que están exentos de tributar un tercio de su sueldo.

INDECENTE, es colocar en la Administración a miles de "Asesores" y "Suplentes" (léase amigotes  con sueldos que ya desearían los técnicos más calificados.)

INDECENTE, es el ingente dinero destinado a sostener a los partidos, aprobados por los mismos políticos que viven de ellos.

INDECENTE, es que a un político no se le exija superar una mínima prueba de capacidad para ejercer su cargo. (Ni cultural, ni intelectual.) Sólo basta estar en la Bancada Mayoritaria y patrocinado por dineros sucios!
INDECENTE, es el costo que representa para los ciudadanos sus viáticos, viajes (siempre en primera clase), comidas, comunicaciones, guardaespaldas, escoltas  carros último modelo blindados, tarjetas de crédito etc. etc. y, se le niegue a la clase trabajadora un aumento digno en el Salario Mínimo.
INDECENTE No es que no se congelen el sueldo sus señorías, sino que no se lo  bajen y por el contrario se estan inventando Proyectos de Ley, para aumentar sus pensiones y sus jugosas Prebendas.
INDECENTE, es que sus señorías tengan seis meses de vacaciones al año.

INDECENTE, es que ministros, secretarios de estado y altos cargos de la política, cuando cesan, son los únicos ciudadanos de este país que pueden legalmente  percibir dos salarios del TESORO PÚBLICO.
INDECENTE, es que el dinero de las REGALIAS, que está destinado al desarrollo de las regiones y clases menos favorecidas, se quede en las manos  de  Gobernadores y Alcaldes corruptos y todos sus 'cargaladrillos' que tienen de secuaces.
INDECENTE, es que a los pensionados y jubilados, trabajadores que dedicaron su vida para hacer de Colombia un país mejor y para enriquecer a muchos políticos, el aumento del salario este por debajo del aumento del salario mínimo.
Y que sea cuál sea el color del gobierno, toooooodos los políticos se benefician de este moderno "derecho de pernada" mientras no se cambien las leyes que los  regulan. ¿Y quiénes las cambiarán? ¿Ellos mismos? Já.! Ja..! 
Pero... LO PEOR DE TODO... ¡ES QUE SEGUIMOS VOTANDO POR ELLOS!

ÉSTAS SON LAS ÚNICAS CADENAS QUE NO SE DEBEN ROMPER, PORQUE SÓLO NOSOTROS PODEMOS PONERLE REMEDIO A ESTO, Y ESTA, SÍ QUE TRAERÁ AÑOS DE MALA SUERTE SI NO PONEMOS REMEDIO.

miércoles, 18 de mayo de 2011

¿Será que a las EPS se les puede acusar de Concierto para delinquir?

Las EPS han venido actuando como verdaderas mafias al servicio, muchas de ellas, de paramilitares y políticos corruptos que se han enriquecido a costa de dineros públicos y han convertido la salud en una mercancía sujeta a una supuesta autoregulación del mercado.  Este modelo de salud que padecemos los colombianos, hijo putativo del neoliberalismo, ha dejado en sus 18 años de existencia de ley 100 , mas victimas y cadáveres que el conflicto armado que padecemos desde hace mas de 50 años.

Y todo es posibles gracias a que la salud dejo de ser un derecho directamente conectado con la vida y la dignidad humanas para ser un asunto de mercaderes que, cuando menos, podría dárseles el título de desalmados criminales; pero que gracias a un régimen legal meticulosamente concebido para enriquecer a unos cuantos, hoy son tratados como “reconocidos empresarios” que hacen de la salud de los colombianos su fuente de poder y de riqueza.

Lo que más fehacientemente evidencia este último escándalo en la salud, es la debilidad institucional del Estado para controlar y poner límites a la glotonería, a la avaricia de los privados. Pero más aún, es evidente, la venalidad y debilidad ética de los organismos y funcionarios estatales encargados del control y vigilancia.

Ahora que con toda lógica y razón algunos sectores vienen promoviendo la cadena perpétua, y otros pocos la pena capital, para abusadores y violadores de niños que sin duda alguna merecen el peor de los castigos posibles, me pregunto si estos “empresarios de la salud” que más bien son carteles legalizados no son otra subespecie de asesinos en serie, narcisistas y egocéntricos que se sientes todopoderosos sometiendo a tantos colombianos a paseos de la muerte. Psicópatas incapaces de sentir remordimiento o piedad por pacientes terminales, niños y ancianos que diariamente mueren por falta de atención médica oportuna y adecuada. Esta especie de criminales, no solo pasa inadvertidos, sino que son apoyados, legalizados y ensalzados por el Estado.

Más de uno dirá que son exageradas comparaciones que no vienen al caso, pero al fin de cuentas, no soy ni psiquiatra ni criminólogo, ni este es un capítulo de "criminal minds", la famosa serie americana de agentes del FBI que exploran los mas oscuros rincones de la mente criminal. Pero de lo que si estoy convencido es que al igual que a los pedófilos, a estos criminales de cuello blanco que juegan con la salud, la vida y los dineros públicos que por ley están destinados al bienestar de la población merecen penas más disuasivas y ejemplarizantes que las que hoy están contempladas en el código penal colombiano y que gracias a un sistema penal laxo pagan (o quizás deba decir disfrutan) en la comodidad de sus lujosos domicilios o en celdas que parecen suites de hoteles cinco estrella.

martes, 17 de mayo de 2011

El negacionismo embrutecedor





Por José Flórez* 

OPINIÓN: No se trata en esta ocasión de estar a favor o en contra de Alvaro Uribe. 

A finales de los años setenta, Robert Faurisson, profesor de literatura en la Universidad de Lyon (Francia), fue retirado de su cargo debido a que negaba la existencia de las cámaras de gas durante la Segunda Guerra Mundial. 

El episodio adquirió relevancia internacional porque un grupo de reputados intelectuales de todo el mundo, entre los cuales se contaba Chomsky, firmó para la época una carta de apoyo a la libertad de expresión de Faurisson. Evidentemente, no es que Chomsky estuviera de acuerdo con un desaguisado histórico negacionista de tan asombrosas dimensiones, sino que defendía, recordando a Voltaire (“Defenderé mis opiniones hasta la muerte, pero daré mi vida para que usted pueda defender las suyas”), la posibilidad de que el inefable profesor expresara sus absurdas opiniones. 

A pesar de que Álvaro Uribe lo puso de moda por estos días en el país al negar la existencia del conflicto armado colombiano, el “negacionismo”, esto es, “la distorsión ilegítima del registro histórico de tal manera que ciertos eventos aparezcan de forma más favorable o desfavorable”, no se lo inventó el expresidente, ni mucho menos su lacayo pseudointelectual José Obdulio. 

No, el negacionismo es una aplicación premeditada de la ley fundamental de la propaganda nazi, enunciada por Goebbels: “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. Es además recurrente en contextos totalitarios porque es útil para evadir discusiones incómodas para el gobierno de turno, o para estigmatizar a los enemigos del régimen (recordemos que durante el mandato de Uribe quienes criticaban al gobierno eran catalogados de “terroristas vestidos de civil”). 

Hace poco, durante “la noche de los nazis criollos” que documentó Semana, asistimos a otra de las manifestaciones tradicionales el negacionismo en cabeza de los continuadores postmodernos de la doctrina nacionalsocialista, para quienes el holocausto judío fue apenas un “holocuento”. Cualquier parecido con la doctrina uribista… 

Hay un derecho fundamental que no figura expresamente en la Constitución pero es trascendental para cualquier democracia, y se incluye dentro del amplio radio de cobertura de la libertad de expresión. Se trata del derecho a ser imbécil, es decir, a pensar y decir imbecilidades, cosas abiertamente ilógicas y absurdas, que están en contra de la evidencia histórica, como por ejemplo que el conflicto interno armado más antiguo y descarnado del mundo, no existe. 

Ahora bien, negar un fenómeno desde el punto de vista jurídico no resulta idóneo para desvirtuarlo desde una perspectiva sociológica. Hay que preguntarle a Álvaro Uribe cómo fue posible que, a pesar de no existir conflicto armado en Colombia, aumentó el pie de fuerza de 260.000 efectivos a 445.000 entre 2002 y 2008, año durante el cual su gobierno llegó a dilapidar el 6% del PIB en el sector defensa, y cuando 459.687 (el 81,2%) de los 566.084 empleos públicos con cargo al presupuesto nacional que existían, fueron ocupados por servidores públicos asignados a tareas de defensa, seguridad y policía. Es decir que el 58,4% de los salarios pagados correspondieron al Ministerio de Defensa. 

Pero ni siquiera desde una perspectiva jurídica (leguleya, en realidad) es defendible semejante especie tan absurda. Mientras Uribe reclama como otro de sus grandes éxitos la desmovilización definitiva y total de los grupos paramilitares (que hoy sabemos que fue una farsa, colmadamente desmentida por los estragos que están causando las Bacrim y los neoparamilitares), ésta solo fue posible gracias a un instrumento jurídico de justicia transicional (la Ley 675 de 2005 o Ley de Justicia y Paz), y quien dice justicia transicional  necesariamente reconoce un escenario de conflicto armado. 

El gran argumento esgrimido por el exmandatario para negar la existencia de lo obvio es que lo contrario equivaldría a reconocerle estatus de beligerancia a la guerrilla. Cualquier alumno de primer año de derecho sabe que este es un acto distinto y discrecional de los gobiernos, que nada tiene que ver con que el país reconozca o no su propia realidad histórica. 

No se trata en esta ocasión de estar a favor o en contra de Álvaro Uribe. Como decía el abate Galiani: “Je ne suis pour rien. Je suis pour qu'on ne déraisonne pas”, o en una traducción libre: “no estoy a favor de nada en particular, sino en contra de las imbecilidades”.